Desde su propia perspectiva y mínimo en 2 páginas, responde la pregunta: ¿qué es el hombre?Una pregunta importante e imperante a lo largo del estudio de la filosofía en la historia y en la actualidad, ha sido acerca del origen del hombre. ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos? ¿Qué y quiénes somos? ¿De qué estamos constituidos? ¿Por qué existimos? ¿Cuál es nuestra misión en el mundo o en el universo? Incluso, sin poseer estudios sobre filosofía, los hombres nos preguntamos constantemente por nuestro origen y desde que estamos muy pequeños.
En filosofía, el hombre es definido como animal racional.
Animal, por la parte física, corpórea, lo que se puede ver y medir. El medio que transmite al alma el mundo exterior, que la permite observarlo, olerlo, sentirlo, saborearlo y escucharlo. El cuerpo está constituido por millones de células, tejidos, membranas, músculos, órganos y huesos. Todos ellos trabajan juntos para proporcionarle al cuerpo bienestar, energía, salud, aire, aseo, equilibrio, coordinación y movimiento, es decir, vida. El cuerpo es también la parte finita de la constitución del hombre.
El cuerpo es una maravilla, y constituye el hogar perfecto para la segunda parte de la definición filosófica del hombre: la de racional. A pesar de que el cuerpo es una maravilla y un don divino en el cual refugiar el alma, el cuerpo es la parte menos valiosa del hombre. La mitad racional expresa toda la parte espiritual, el alma. Por esta razón, cuerpo y alma se unen en una sustancia completa, se complementan el uno al otro, son hechos el uno para el otro, y uno no puede existir sin el otro.
Lo racional tiene que ver con la parte divina, los sentimientos, la capacidad de pensar y razonar, la inteligencia para actuar y producir, la capacidad de conocer y comprender las verdades y la capacidad de hacer juicios sobre el bien y el mal. El espíritu no se puede medir, no tiene peso ni se puede ver. El alma está en todas las partes del cuerpo. Es completamente inmaterial, no tiene moléculas ni átomos.
El alma es la parte infinita de esta unión sustancial. Cuando el cuerpo no está en capacidad de seguir cumpliendo con su función a causa de alguna enfermedad o lesiones irreparables, el alma lo abandona y en ese momento se dice que el hombre está muerto. Sin embargo el alma continúa existiendo, el alma nunca muere, no puede ser alterada o destruida.
Si hablamos de Dios, podemos relacionarlo con el hombre diciendo que el cuerpo es el reflejo de su poder y de su sabiduría, mientras que el alma es su retrato de un modo mucho más imperfecto, con la que tenemos la capacidad de hacer juicios y de pensar. Además nuestro poder de libre voluntad, refleja también la libertad infinita que posee Dios y sin lugar a duda nuestra inmortalidad, hablando del alma, es un reflejo de la inmortalidad absoluta que posee Dios.
Cabe resaltar además, que aunque las dos partes que conforman la sustancia son diferentes y tienen funciones diferentes, tienen la capacidad de interactuar entre sí. Por ejemplo, si me corto la mano, no sólo mi cuerpo sufre, también mi alma. Al igual, si mi alma tiene preocupaciones o miedos, éstas se transmiten por medio de mi cuerpo ya que puedo palidecer o enrojecer, o se me agiliza el pulso.
Ésta es la mejor manera que encontramos para explicar, teniendo en cuenta nuestros estudios de filosofía, qué es el hombre para nosotras.
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